LOS MONASTERIOS MEDIEVALES



Un monasterio era un conjunto de edificios y dependencias habitado por una comunidad religiosa que administraba las tierras y los campesinos bajo su jurisdicción. Era similar a un feudo, disponía de siervos para trabajar y cobraba rentas a los campesinos libres.
 
 



El centro del monasterio era la iglesia, en forma de cruz, y pegada a ella un claustro porticado.
Alrededor de él se disponían el resto de dependencias: el refectorio o comedor, la cocina, el scriptorium o biblioteca donde los monjes copiaban e ilustraban libros a mano y enseñaban a leer y a escribir o la sala capitular donde el abad se reunía con los monjes. En los monasterios más grandes había varias dependencias más como bodegas, donde elaboraban vino de sus propios viñedos; hospedería para peregrinos; enfermería; establos; graneros; huertos; molino; casa del abad y de los siervos y hasta un cementerio. Todo ello solía estar rodeado de una muralla o fortificado.
A diferencia del resto de la sociedad estamental los monjes llevaban una vida dedicada a la oración alejada del mundo y al trabajo (cultivaban su propia comida)
 

 


 

 EL MONASTERIO MEDIEVAL (ANIMACIÓN)

CLAUSTRO MONASTERIO SILOS (PANORÁMICA)

CLAUSTRO SAN JUAN DE LA PEÑA (HUESCA)

LAS REGLAS MONÁSTICAS
Los hombres y mujeres que aspiraban a la vida monástica debían pasar un periodo de aprendizaje de 3 años (noviciado) tras el que formulaban 3 votos: obediencia, pobreza y castidad y pasaban a llevar un hábito que los identificaba.

 

 

Todas las órdenes religiosas estaban sometidas a una regla (clero regular), un conjunto de normas que regulaba la vida monástica. En ella se establecía las numerosas horas dedicadas al rezo, la lectura de la Biblia y otros textos sagrados y el trabajo de cada monje o monja (copiar textos, cultivar el huerto, cuidar de los enfermos...)
En la Edad Media había numerosas órdenes religiosas, muchas de las cuales perviven aún hoy. La más importante fue la de los benedictinos, fundada por San Benito de Nursia en el s VI bajo una sencilla norma ("ora et labora") y la otra la del Císter, la cisterciense, fundada por San Bernardo de Claraval en el s XII.
 

En los siglos XII-XIII, con el crecimiento del comercio y las ciudades, aparecieron colegios y universidades y la Iglesia se hizo más presente en las ciudades. Surgen nuevas órdenes religiosas mendicantes (ayudaban a los más pobres y vivían de la caridad), los Franciscanos y los Dominicos.

LA VIDA EN UN MONASTERIO.
Los monjes y monjas se levantaban muy temprano, antes de amanecer, y se preparaban para la primera oración del día, los maitines.
Se leían y cantaban ciertas partes de la Biblia y otros cantos o salmos, escritos en latín, la lengua oficial de la Iglesia (cantos gregorianos)
Tras ello se aseaban en las letrinas que tenían muchos monasterios (con agua del río cercano) y se volvía a la iglesia, pues apenas una hora después de maitines, empezaban los laudes (una nueva oración).



 


Comenzaba entonces realmente el día, con una hora y media para el trabajo, volviéndose a rezar hora y media después.
Hasta la una de la tarde, se ocupaban entonces del propio huerto (que servía para su autoconsumo) o se encerraban en el scriptorium o biblioteca, lleno de atriles donde colocar los libros y pergaminos.
En esta habitación se copiaban libros prestados por otros monasterios. Se hacía sobre pergamino (piel de cordero), utilizando distintos colores de tinta en las que se mojaban plumas de ave. El trabajo era minucioso y lento, pues no debían equivocarse y se copiaban también (o se creaban otros nuevos) los dibujos o iluminaciones que correspondían al texto.

 
Los monjes y monjas volvían a reunirse para rezar junto en la hora sexta (en torno a la 13.20), tras la cual iban a comer.
La comida también era común, en una habitación llamada refectorio. En ella se colocaban largas mesas en donde comían en completo silencio, pues uno de ellos (por turno) leía desde el púlpito la Regla o la Biblia.
El menú era bastante monótono, aunque sano. Normalmente se comían verduras y hortalizas cocidas en una gran olla y aderezadas con un trozo de tocino o manteca. Se les daba también un trozo de pan y un poco de vino. La carne se reservaba para los domingos y celebraciones especiales, al igual que el pescado.
Luego volvían de nuevo a rezar conjuntamente en la hora nona (sobre las tres) para después seguir con su trabajo encomendado.
 

  
Antes de la nueva oración se reunía toda la comunidad en la llamada sala Capitular, leyéndose en ella un capítulo de la Regla de San Benito. En esta reunión el abad o abadesa (que gobernaba el monasterio) informaba sobre cuestiones cotidianas, se hacían confesiones públicas de los pecados y se castigaba a los monjes o monjas que hubieses cometido alguna falta (faltar a algún rezo, hablar durante la comida, discutir con un hermano…)

Tras un rato de tiempo libre en el que podían charlar (si no habían hecho voto de silencio), pasear por el claustro, rezar particularmente…, de nuevo a la iglesia para oficiar las vísperas (19 h), cenar (20 h) y, antes de dormir, volver al rezo en la ceremonia llamada completas, en la que se pedía protección a Dios ante los peligros de la noche.
Los monjes y monjas se retiraban entonces al dormitorio, que tanto en Cluny como Císter era común (sólo el abad tenía su dormitorio y despacho propio) en donde las camas estaban colocadas en largas filas. Si existían dos pisos, este dormitorio se colocaba sobre la cocina (y en el lado sur del claustro) para combatir el frío.